Dormirse a tu lado,
descansar en paz, vivir tranquila,
cerrar los ojos y volver a recordar
los paseos por la playa, las noches
al viento, la arena, la piel dorada
bajo el sol, la tuya roja, la mía color
caramelo intenso. Las tardes de cometas,
las palmeras, los besos salados en el mar,
los juegos en la orilla, la brisa, el puerto.
Los peces mirando envidiosos nuestro amor,
que más tarde fue desamor, las cenas, los bailes,
las sábanas blancas que dejaban ver nuestra figura
a la luz de la luna, la luna, testigo de nuestra pasión
de nuestro amor, del sentimiento más puro y de los celos más amargos.
No hay más que un nudo en la garganta,
la piel enmudeció pálida, todavía la luna me recuerda
esa historia, como un duro golpe al corazón, cada noche.
Te fuiste como se borraron nuestras huellas en la orilla, y me borraste de tu mante tan pronto como llego el otoño. Las primeras hojas caídas demostraron tu inmadurez,y con las primeras lluvias se rompió mi sueño. Todo se quedó en suspiro. No volverás a verme
martes, 29 de marzo de 2011
domingo, 27 de febrero de 2011
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Supongo que tras ver salir el sol cada mañana, te vas acostumbrando a la extraña sensación del vacío, de despertarte sin compartir la almohada y de seguir haciendo café para dos, sabiendo que sobrará, e incluso a veces para impedirlo tomando sobredosis de cafeína. Estas bien, no tienes dolencias físicas, tienes un plato cada día en la mesa para comer y todavía te conmuebe la vida. Has salido adelante, pero eso no quiere decir que todavía exista un hueco vacío por llenar, y que para tu asombro es tan extrañamente único, que cuesta llenar ese hueco con cualquier cosa, y más aún sabiendo, que ese hueco un día no estuvo vacío. Y seguirás buscando sin hallar solución, acostumbrandote a no respirar hondo para el hueco no duela en exceso. Sabes que necesitas a alguien con quien compartir esa taza de café por las mañanas, aunque no necesariamente sea café. Sabes que no es lo mismo despertar y verte reflejado en otros ojos, que sin duda serán preciosos incluso con legañas. Y aunque lo sabes, te acostumbras a esperar, a soñar despierto y vivir soñando, a creer que algún día las cosas cambiarán. Y lo harán.
sábado, 26 de febrero de 2011
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Es lo que sucede cuando dos personas no se corresponden pero desafiando al destino se juntan por un momento. El instante será como la más hermosa sensación, como las mejores vistas al mar, como andar por la roca y llegar a la arena. La libertad de sentir que son sólo aquellos labios con los que siempre has soñado, es esa única mirada la culpable de hacerte sentir tan estúpidamente feliz. Y al no ser correspondido vives la sensación y la belleza a un grado superlativo, porque has sido elegido para desafíar las leyes, para vivir el momento. Y será dificil andar pudiendo volar, pero quizás sea la única manera de no chocar contra el suelo cuando ese maravilloso sueño, se esfume, dejando la huella de una increible sensación irrepetible que te hace pensar que nunca fue un sueño
martes, 1 de febrero de 2011
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Algo me impide parar esto, algo me lleva hacia adelante y me eleva como eleva el viento del suelo las hojas en el más frío de los otoños, inexplicablemente, algo me hace avanzar, y me eleva hasta la más infinita de las alturas, sobrepasando el paisaje, sobrevolando el cielo. Y sigo subiendo a pesar, de creer firmemente que me estoy equivocando, que mis pies están llegando demasiado lejos, y que cuánto más alto este del suelo, peor será la caida... y tiempo al tiempo, y golpe a golpe, seguiré siendo la misma estúpida que por volar más alto, se rompió en mil pedazos.
lunes, 24 de enero de 2011
ahora o nunca
Las oportunidades muchas veces solo se presentan una vez.
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domingo, 16 de enero de 2011
II
Me desperté con calor aquella mañana, el frío invierno y el vapor saliendo de las alcantarillas se había esfumado. A mi lado se encontraba una preciosa mujer, que dormía profundamente, sin sospechar que quizás no volvería a verme. Abri el armario me vestí con ropa deportiva y salí de casa haciéndo el menor ruido posible. Dejé el movil apagado por si a aquella maravillosa mujer de ojos verdes, se le ocurría llamarme. Y si mis cálculos no fallaban, dormiría hasta estar totalmente descansada, se levantaría, me buscaría en el baño, en la cocina, en el salón y se dispondría a buscar su móvil para localizarme, con tan mala suerte que yo, lo tendría apagado. Se sentaría todavía en ropa interior en la cama, intentando varias veces que diese señal, y a la desesperación comenzaría a vestirse, se pensaría dos veces si hacer la cama antes de hacerla, para más tarde tirar de la puerta y marcharse a su casa. Y no volver a saber nada mas de mi. Y yo mientras tanto con el corazón acelerado, correría por el parque como cada mañana, con la esperanza de que, cuando volviese a casa para ducharme y comer, ya no habría nadie. Muchas veces me he encontrado con mujeres optimistas, que esperaban mi llegada, algunas incluso con un tentempié preparado, que trás la espera había quedado frío. En esas ocasiones me tocaba actuar, y confesar, que aunque me lo había pasado muy bien aquella noche, y realmente era encantadora, en mi armario no cabía lugar para unos tacones, ni en mi cuarto de baño se necesitaba un cepillo de dientes de más.
jueves, 13 de enero de 2011
Parte I
Supe que encontré la verdadera razón para vivir cuando la vi cruzando la calle, de puntillas mirando a ambos lados esperaba inpaciente la luz verde del semáforo, se la notaba inquieta, con prisas. LLevaba un abrigo rojo junto con unos guantes de lana de varios colores, sin duda llamaba la atención entre la multitud de gente. El semáforo, parpadeó amarillento, ella se quitó el gorro que calentaba sus orejas, como para coger impulso. Verde. Empezó a andar deprisa, como aquella gacela que no corría por no llamar la atención del león, aunque en este caso no lo consiguiese. La velocidad de sus andares no pasaba desapercibida, su cabeza ahora descubierta dejaba al viento una melena larga y marrón, bastante entretenida. Yo, al otro lado de la calle, disfrutaba de un café demasiado caliente, y limpiando el vaho que se formaba en la ventana por el frío de fuera, la vi desaparecer entre la muchedumbre. Y aunque yo no lo supuese, ese no sería el único día que viese aquellos guantes de colores.
No obstante, y ante aquel maravilloso espectáculo, delante de mi se encontraba una preciosa mujer, que hasta ese momento pense que no tenía nada que envidiar a ninguna otra. Me dí cuenta de mi falta de respeto al escuchar como me contaba una historia reciente de su hermano, y reconociento que no me había enterado de nada, pedí perdón y volví a centrar la atención en lo que aquella fascinante mujer me decía, pero sin conseguir quitarme de la cabeza, ni aquel abrigo rojo, ni mi lengua chamuscada por aquel café. Aún así, esa noche no dormí sólo. He de decir, y sin ningún afán de alardear de mis consquistas, que suelo dormir acompañado, y las noches en las que si duermo sólo se deben siempre a mi propia voluntad. ¿Y por qué?
porque nunca he encontado mujer que me acepte en mi locura, que me entienda, y que no espere de mí, más de lo que puedo ofrecer. No he encontrado mujer que se solidarice con mi carácter. Y las veces que intenté vencer al mundo para que la relación con dichas, fuera posible, esperaban ramos de flores, cartas, bombones, velas o incluso me intentaban subir a un altar. Sin entender, que no quiero más que una compañera de viaje, a la que soprender de vez en cuanto, con pequeñas tonterías, a la que le importa el día de hoy, sin tener en cuenta lo que pasará, aquella que no se ponga como un basílisco porque olvidé un aniversario, y en vez de colocarme la ropa, espere a que lo haga yo, riéndose de lo desordenado que puedo llegar a ser. Aquella mujer, que conozca perfectamente a mis amigos, y aún asi confíe en mi. Que no espere cartas, bombones ni flores. Si no llamadas de teléfono sorpresas, o escapadas a cual lugar, sin nada premeditado. Que cuando se despierte, aunque yo ya no este, sepa que volveré, sin desesperarse ni ponerse histérica porque una vez más se ha despertado sola. Y tras mucho buscar a esa mujer, me di cuenta de que quizás pedía demasiado, por eso decidí acostarme acompañado y levantarme solo y en silencio. A muchas hice daño y soy consciente de ello, pero nunca fue para nada mi intención.
Sin embargo, aquellos guantes de colores no se borraron de mi cabeza en varíos días, y sin intuir porque, presentí, que pronto volvería a verlos. Aunque tuviese que viajar para ello...
No obstante, y ante aquel maravilloso espectáculo, delante de mi se encontraba una preciosa mujer, que hasta ese momento pense que no tenía nada que envidiar a ninguna otra. Me dí cuenta de mi falta de respeto al escuchar como me contaba una historia reciente de su hermano, y reconociento que no me había enterado de nada, pedí perdón y volví a centrar la atención en lo que aquella fascinante mujer me decía, pero sin conseguir quitarme de la cabeza, ni aquel abrigo rojo, ni mi lengua chamuscada por aquel café. Aún así, esa noche no dormí sólo. He de decir, y sin ningún afán de alardear de mis consquistas, que suelo dormir acompañado, y las noches en las que si duermo sólo se deben siempre a mi propia voluntad. ¿Y por qué?
porque nunca he encontado mujer que me acepte en mi locura, que me entienda, y que no espere de mí, más de lo que puedo ofrecer. No he encontrado mujer que se solidarice con mi carácter. Y las veces que intenté vencer al mundo para que la relación con dichas, fuera posible, esperaban ramos de flores, cartas, bombones, velas o incluso me intentaban subir a un altar. Sin entender, que no quiero más que una compañera de viaje, a la que soprender de vez en cuanto, con pequeñas tonterías, a la que le importa el día de hoy, sin tener en cuenta lo que pasará, aquella que no se ponga como un basílisco porque olvidé un aniversario, y en vez de colocarme la ropa, espere a que lo haga yo, riéndose de lo desordenado que puedo llegar a ser. Aquella mujer, que conozca perfectamente a mis amigos, y aún asi confíe en mi. Que no espere cartas, bombones ni flores. Si no llamadas de teléfono sorpresas, o escapadas a cual lugar, sin nada premeditado. Que cuando se despierte, aunque yo ya no este, sepa que volveré, sin desesperarse ni ponerse histérica porque una vez más se ha despertado sola. Y tras mucho buscar a esa mujer, me di cuenta de que quizás pedía demasiado, por eso decidí acostarme acompañado y levantarme solo y en silencio. A muchas hice daño y soy consciente de ello, pero nunca fue para nada mi intención.
Sin embargo, aquellos guantes de colores no se borraron de mi cabeza en varíos días, y sin intuir porque, presentí, que pronto volvería a verlos. Aunque tuviese que viajar para ello...
lunes, 10 de enero de 2011
''Te has vuelto loca''
Aún después de todo te dire que el verdadero romanticisimo, no esta en la luz de la luna, en las velas o en las flores. Nada vale la pena sin alguien que te haga hacer locuras, alguien que te haga ser incoherente. Que llegue y te anime a hacer cosas de las que no te creías capaz y que arrastre tus miedos, con tus principios y tus valores, tus ''yo nunca'' o tus ''yo qué va''. Alguien que te empuje al vacío de la vida que no es más que la verdadera vida, la que se vive intensamente, sin pensar '' puede salirme todo mal ''. Como lanzarte hacía el río desde un puente, sabiendo que ciegamente confías en ese loco incoherente que te espera arriba y que al contrario que el resto del mundo, cuando vuelvas a subir, te dirá ''asi se hace'' en vez del tipico'' te has vuelto loca''.
jueves, 16 de diciembre de 2010
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Cuando nada tiene sentido y ves en los ojos de la gente la decepción, parece que no hay nada más que hacer y da la impresión de que hagas lo que hagas, las cosas no se solucionan. Y siempre he tendido a esconder la cabeza, callarme y dejar las cosas pasar, quizás haciendo daño a aquellos que más tarde decepcioné. Puede que sea hora de hacer lo que sea, de intentarlo como si dependiese mi felicidad de ello, aunque también puedo de una vez tirar la toalla y rendirme, dejando que esa decepción no haga otra cosa que aumentar, total.. el daño ya estaba echo.
Asco de vida.
Asco de vida.
jueves, 9 de diciembre de 2010
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Y mientras el otoño besaba dulcemente los suelos por los que pisabas, con sus hojas de colores oscuros, y a su vez abrazaba la escena con un viento helado que hacía surgir el deseo de un café caliente, yo al mismo tiempo reconstruía en la mayor medida de lo posible los trozos de un corazón quebrado, que no sólo había quedado roto si no también esparcido, por los lugares en los que aquellos días perdimos nuestro tiempo. Y cuando creí encontrar cada una de las piezas y resurgir lo que fue un corazón inocente y novato, me hallé ante la desesperanza de ver un hueco que declaraba la falta de una pequeña pieza, no por ello insignificante. Busqué hasta que el Otoño decidió abandonarme sin avisar, y entonces caí, mis ojos se abrieron y ante mí encontré la única solución posible a ese vacío. Podía pasarme un invierno amargo de búsqueda infinita de aquella pieza no encontrada, viendo rezagada caer los pequeños copos de nieve, en vez de saborear el paisaje y resbalarme con el hielo de las aceras congeladas, buscando a su vez alguna explicación que pudiese demostrarme el por qué. O también podía, seguir adelante, con la posibilidad de no poder curar nunca dicha herida, dejando de este modo de perder el tiempo en solucionar quizás algo imposible...
Y así sobreviví a un invierno de guantes de lana y chocolate caliente. De vez en cuando la herida me avisaba de un pequeño dolor, pero fue algo que pude llegar a soportar. Cuando el fundir de la nieve llegó con un sol tenue, aquella capa blanquecina del suelo se convirtió en agua, que se fue por las alcantarillas de las calles, como mi recuerdo y mi dolor causado por aquella herida, seguramente ya cerrada. Y aprendí que, el que espera desespera y el que nunca a de esperar, encuentra siempre el camino... que en fondo quiso encontrar.
jueves, 2 de diciembre de 2010
Angela.
Hoy te debo un mundo, porque me quieres como soy, con mi día a día, mi caracter, mis gustos, mis valores y mis sueños. Porque respiras hondo cuando te saco de quizio y sonries olvidándolo todo. Porque me has enseñado con matrícula de honor el significado de la amistad. Porque no hay lugar sin ti, y el tiempo a tu lado nunca es perdido. Porque eres mi confesora y mi confidente. Porque puedo confíar plenamente, con la seguridad de que me apoyarás en todas mis decisiones, aunque no sean las más acertadas. Porque no sólo intentas que no caiga, si no que me levantas cuando lo hago. Porque eres la primera persona a la que acudo, y la primera siempre en darme respuesta. Porque te gusta escuchar mi filosofía por muy estúpida que sea jajaj. Porque no me ocultas la realidad, y me la muestras tan cruda como es, con la condición de que siempre podré contar contigo. Porque no me dices lo que quiero oir, si no lo que es. Porque tenemos nuestras diferencias y nos queremos como si no importasen. Porque sabemos que antes que nadie, estamos tu y yo. Porque juntas somos fuertes. Porque me siento mejor desde que cuento contigo. Y porque cuando miro atrás, veo momentos muy tristes y momentos muy felices, pero todos son a tu lado, y no veo ni el más mínimo egoísmo, orgullo, o cabreos que destrozan las amistades.
Porque a veces uno encuentra su camino mientras lo recorre, y aunque no se lo que pasará con el tiempo, hoy por hoy, eres mi aire, mis ojos, mi sonrisa y mi manera de seguir adelante.
Te quiero.
Porque a veces uno encuentra su camino mientras lo recorre, y aunque no se lo que pasará con el tiempo, hoy por hoy, eres mi aire, mis ojos, mi sonrisa y mi manera de seguir adelante.
Te quiero.
lunes, 29 de noviembre de 2010
Amores que matan nunca mueren
Me conozco los finales de las historias que comienzan con demasiadas esperanzas, aquellas historias con planes de futuro, con celebraciones a cada mes o llamadas rutinarias de teléfono. Acaban mal, siempre lo hacen, por eso no quiero a alguien con quien decidir mi vida en unos años, ni quiero felicitaciones mensuales, ni te quieros que se lleve el viento, si no que, quiero sorpresas sin importancia cada día, quiero reir en el presente y olvidar el pasado, quiero recibir llamadas inesperadas y dejarte entrar en mi vida, para mostrartela tal y como la vivo, y si aceptas compartirla será sin condiciones, ni prisas, sin sueños ni castillos en el aire que puedan quedar destruidos. Sólo quiero una realidad sin sufrimiento, con la verdad por delante y con ilusión. Sin promesas de que todo irá bien, y hacíendo que los malos momentos sean insignificantes. Por eso propongo crear nuestra historia, una historia nunca escrita, con un final abierto que no oculte el sufrimiento del desamor, cuando alguna vez todo haya terminado, antes o después. Donde predomine el sentimiento del presente y el recuerdo del ayer no muy lejano, donde sonrias, y yo también, por fin.
domingo, 28 de noviembre de 2010
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Detrás del vaho de la ventana, se encontraba la gran avenida, personas corrían de aquí para allá con el fin de refugiarse de la lluvia, ella, mientras tanto daba vueltas a su café con leche, todavía demasiado caliente. El gorro y la bufanda aún puestos no le quitaban el frío. Hacía ya tres meses que no se veían, que habían perdido cual posible contacto, con la esperanza de que era lo mejor, con la minima esperanza de olvidar.
Había evitado durante ese tiempo hacer su vida normal, ir a los mismos lugares, frecuentar con la misma gente.. sin éxito ninguno. La solución nunca consistió en desaparecer, aunque hacerlo durante un tiempo probablemente siempre fue lo correcto.
Había evitado durante ese tiempo hacer su vida normal, ir a los mismos lugares, frecuentar con la misma gente.. sin éxito ninguno. La solución nunca consistió en desaparecer, aunque hacerlo durante un tiempo probablemente siempre fue lo correcto.
lunes, 22 de noviembre de 2010
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Cuando seamos capaces de actuar guiándonos por el corazón, mirando en nuestro interior y exponiendo nuestros valores, haciéndolos nuestros. Cuando actuemos no sólo con nuestros propios valores si no con los valores universales como la verdad y el bien, o cuando actuemos con independencia, de forma autónoma, recurriendo a las personas sólo por apetencia, y tomando las órdenes impuestas como consejos. Sin temores de exponer nuestros ideales, y sin temores de ponernos el objetivo de cumplirnos. Sólo entonces seremos libres.
Momentos.
Más allá de los atardeceres, hay una pareja en lo alto de un parque, un reencuentro en una estación, una caricia, una mala noticia, un libro que se termina, un sueño que empieza, una luz que se apaga, un perro que ladra, un hombre que roba, una madre que llora, un niño que nace, otro que crece, un caramelo que se acaba, una cena que se adelanta, una boda, un accidente, un golpe de suerte, un adiós y una bienvenida. Más allá de los atardeceres estás tú, pasando por alto la vida.
domingo, 21 de noviembre de 2010
Los pasos del camino
Cómo aquel poeta romántico que no encontraba sentido a la vida, quizás porque no supo buscarlo, quizás porque este no existe. ¿Qué más da el destino? Si el destino lo hace el hombre trás su paso, y este varia dependiendo de lo fuerte que pises el camino. Y alguien que pasa desapercibido, que no pisa fuerte, e incluso lo hace de puntillas, su destino no será otro que la muerte sin haber vivido la vida. En cambio aquel que va dando patadas nerviosas a las piedras del sendero, que cae varias veces y tiene la voluntad de levantarse y seguir, ese tendrá un destino aunque aparentemente igual, diferente, pues no es lo mismo morir y haber vivido.
domingo, 14 de noviembre de 2010
Así soy yo
No intentes buscarle una razón, asi soy yo. Me gusta escribir cualquier cosa que se me pasa por la cabeza, tengo cuadernos de ideas absurdas y sin sentido. Me apasionan los pequeños placeres de la vida, como las puestas de sol, los atardeceres, los senderos verdes y marrones por las hojas en otoño o la nieve que es capaz ded ofrecer paisajes irrepetibles. Me gusta la sencillez, la naturaleza, el campo, la montaña y los animales. Me gusta despertarme, mirar la hora y ver que todavía puedo dormir unas horas más, me gusta mi familia a pesar de los problemas que hemos tenido que superar, me enternece el abrazo de mis abuelos y los grandes consejos que me dan sobre la vida. Me gusta el lugar en el que nací y en el que he crecido, mis raíces, mis amistades y mi familia están allí, aunque ahora de Vallecas me separen varios autobuses por circunstancias de la vida. Me gusta mi barrio, Los Puertos, entre Legazpi y Embajadores, me gusta escuchar la risa de mis amigos desde la ventana, cuando yo me quedo estudiando. Me gusta la azotea, me despeja la mente subir a ver el paisaje de un espléndido Tierno Galván, está perfectamente situada para ver el lago y a la vez ver los atardeceres Madrileños, que para nada dejan mucho que desear, me gusta compartir ese momento, aunque es cierto que sólo se lo he concedido a pocas personas. Me gusta confiar en la gente,seque muchas veces me equivoco, también se que no puedo evitar hacerlo. Cojo confianza y cariño enseguida lo que me ha provocado malos sentmientos. Me gusta llevarme bien con las personas que han estado en mi vida, y que ya no están de una manera tan directa. Me enfado pocas veces y si lo hago a la mañana siguiente ni me acuerdo porque. Me gusta no ser rencorosa y olvidar cuanto antes las cosas amargas, que de nada sirve recordar. Como todo el mundo tengo mi orgullo, pero no es algo que sea esencial en mi vida, puedo prescindir de el perfectamente ante una amistad. Doy siempre más de lo que recibo, pero me gusta pensar que con el tiempo yo también seré recompensada, aunque ni mucho menos hago las cosas para recibir algo a cambio. Me gusta no ser interesada, y me gusta no pensar mal de la gente aunque muchas veces detrás de lo que veo hay más mal de lo que parece.
Me considero una persona normal, ni buena ni mala, con mis defectos y a mi parecerer mis pocas virtudes. No me quiero mucho, ni tengo autoestima ni ego, pero es algo con lo que he aprendido a vivir desde siempre. Necesito que la gente me demuestre cariño para no sentirme sola. Agradezco el mínimo abrazo y me hace feliz cualquier persona que me ofrezca una sonrisa.
Tengo un interés sobrenatural por la vida, y me inquietan muchas preguntas sin resolver. No me importa irme sola a dar una vuelta, suelo hacerlo bastante y mucha gente no lo entiende.
Me gusta el Retiro, he pasado muy buenos momentos en el y no tan buenos, parecerá una tonteria pero es una manera de evadirte del mundo, del ruido, de los coches... es impresionante la gran extensión que tiene, y lo que puede ofrecer. He tenido un único gran amor, creo que es dificil que alguien me pueda llegar a querer tanto como él lo hacía, y lo que empezó demasiado bien terminó antes de lo que nadie esperaba, después de eso he estado de aqui para allá sin acertar nunca y siempre haciendome daño. Me fijo en las personas imposibles, en las que son demasiado para alguien como yo, en las que merecen el mundo. Los amigos verdaderos los llevo en mi corazón, junto con mis ideales. Me da tristeza la violencia, la injusticia, la avaricia, el egoismo y la soledad. Creo que hay muchas cosas del mundo que podrían cambiarse, y me encanta la gente que lucha día a día por ello. Soy demasiado sensible, y puedo llorar facilmente, tanto de tristeza, como de felicidad. Me encanta reirme y me enamoro de cualquier persona que pueda estar haciendo que me ria una tarde entera. Gracias a mis padres, he viajado mucho, desde que era pequeña, y me encantaría seguir haciéndolo en un futuro, incluso sola. Me enamore profundamente de la ciudad de Venecia, tanto que en cuanto pude volví, y tanto que espero volver algún día, aunque no sea para quedarme. Mi guitarra tiene polvo y esta desafinada, pero me encantaba invertarme canciones cuando todavía tenía tiempo. Me gusta la fotografía, ya no solo hacerla si no ver las pequeñas obras de arte de la gente que comparte la afición. Me gusta leer, pero durante un rato, asique cuando veo que solo voy a poder leer quince minutos nisiquiera lo hago. Agradezco infinitamente a aquellas personas que dedican unos minutos a leer lo que yo escribo, aunque muchas veces no valga la pena.
Me gusta ser así, aunque me afecten muchas veces más que a cualquier persona los golpes que da la vida. Y si alguna vez cambio, espero no enterarme.
Me considero una persona normal, ni buena ni mala, con mis defectos y a mi parecerer mis pocas virtudes. No me quiero mucho, ni tengo autoestima ni ego, pero es algo con lo que he aprendido a vivir desde siempre. Necesito que la gente me demuestre cariño para no sentirme sola. Agradezco el mínimo abrazo y me hace feliz cualquier persona que me ofrezca una sonrisa.
Tengo un interés sobrenatural por la vida, y me inquietan muchas preguntas sin resolver. No me importa irme sola a dar una vuelta, suelo hacerlo bastante y mucha gente no lo entiende.
Me gusta el Retiro, he pasado muy buenos momentos en el y no tan buenos, parecerá una tonteria pero es una manera de evadirte del mundo, del ruido, de los coches... es impresionante la gran extensión que tiene, y lo que puede ofrecer. He tenido un único gran amor, creo que es dificil que alguien me pueda llegar a querer tanto como él lo hacía, y lo que empezó demasiado bien terminó antes de lo que nadie esperaba, después de eso he estado de aqui para allá sin acertar nunca y siempre haciendome daño. Me fijo en las personas imposibles, en las que son demasiado para alguien como yo, en las que merecen el mundo. Los amigos verdaderos los llevo en mi corazón, junto con mis ideales. Me da tristeza la violencia, la injusticia, la avaricia, el egoismo y la soledad. Creo que hay muchas cosas del mundo que podrían cambiarse, y me encanta la gente que lucha día a día por ello. Soy demasiado sensible, y puedo llorar facilmente, tanto de tristeza, como de felicidad. Me encanta reirme y me enamoro de cualquier persona que pueda estar haciendo que me ria una tarde entera. Gracias a mis padres, he viajado mucho, desde que era pequeña, y me encantaría seguir haciéndolo en un futuro, incluso sola. Me enamore profundamente de la ciudad de Venecia, tanto que en cuanto pude volví, y tanto que espero volver algún día, aunque no sea para quedarme. Mi guitarra tiene polvo y esta desafinada, pero me encantaba invertarme canciones cuando todavía tenía tiempo. Me gusta la fotografía, ya no solo hacerla si no ver las pequeñas obras de arte de la gente que comparte la afición. Me gusta leer, pero durante un rato, asique cuando veo que solo voy a poder leer quince minutos nisiquiera lo hago. Agradezco infinitamente a aquellas personas que dedican unos minutos a leer lo que yo escribo, aunque muchas veces no valga la pena.
Me gusta ser así, aunque me afecten muchas veces más que a cualquier persona los golpes que da la vida. Y si alguna vez cambio, espero no enterarme.
sábado, 13 de noviembre de 2010
Estacional
Ven y dime que con el tiempo veremos caer las hojas de los árboles en otoño, que seguiremos por el retiro los caminos verdes y marrones que dejan tras su paso y que veremos en invierno como el lago se congela y el suelo se vuelve blanco, y quizás si todo va bien también veamos el florecer de las amapolas, lirios y claveles del Jardín Botánico, para acabar con un incipiente calor, un caminar trás la sombra o un chapuzón refrescante de un verano inolvidable. Y si aún no te has ido, volver a empezar el mismo camino, pero siempre contigo.
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